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Diseño Art Deco: Paul T. Frankl


Paul T. Frankl estudió arquitectura en París, Berlín, Múnich y emigró a Estados Unidos, donde diseñó diversos interiores para especialista en cosmética Helena Rubinstein (1870-1965). Entre 1915 realizó los decorados para el Theatre Guild de Nueva York, y hacia 1925 empezó a diseñar muebles con formas geométricas a los que bautizó como skyscrapers (Rascacielos). Vendió estos diseños Art Déco, inspirados en la arquitectura de los años veinte, en su galería de Nueva York y los exhibió en la exposición «Art in Trade» que tuvo lugar en los grandes almacenes Macy's en 1927. Frankl no sólo adoctrinó sobre «el rascacielos en la decoración», sino que también promocionó su estilo Moderne en interiorismo mediante diversos libros que ilustraban su obra, entre ellos: New dimensions: The Decorative Arts of Today (1928), Form and Reform (1930) y Space for Living: Creative Interior Decoration and Design (1938). Mientras parte de su carrera profesional se desarrolló en Nueva York, donde creó diseños comparables a las obras Déco de sus contemporáneos franceses pasó la última parte de su vida en California. En 1928 fue el principal fundador de la American Designers' Gallery y en 1930 colaboró en la creación de la (Asociación Americana de Artistas Decorativos y Artesanos). Frankl fue máximo exponente norteamericano Art Déco y su moderna obra estuvo más influida por el perfil del Nueva York de los años veinte que por las corrientes del diseño europeo contemporáneo. Creía que el diseño debía inspirarse e la arquitectura de su entorno y resolvió dar a las artes decorativas norteamericana una identidad propia y adecuada.

Muebles de Frankl




Relojes Art Decó


Como las joyas de Tiffany o los muebles de inspiración egipcia, los relojes de estilo Decó se han convertido en auténticos iconos del arte de los años veinte y treinta. Grandes artistas como Lalique o marcas Omega o la misma Tiffany encontraron en los relojes un lugar donde expresar su creatividad y a su vez satisfacer la necesidad de lujo que tenían los compradores de estas piezas. Estas máquinas del tiempo son apreciadas hoy en día e incluso tienen su propio museo en Bruselas.


Reloj de Madera. C. 1928. Paul T Frankl.



Reloj de Metal cromado. C. 1930. Hérmes.


Reloj de Mármol, Oro y Cristal. C. 1928. Vacheron & Constantin.



Reloj de Chimenea en vidrio. C. 1930. Hettier & Vincent


Reloj de Madera. C. 1922. Evert Kuipers



Reloj de cristal y mármol con incrustaciones de coral. C. 1925. Cartier.

Reloj de Acero. C. 1937. Mappin & Webb


El vidrio de Lalique



René Lalique comenzó su carrera como grafista y luego como disc­ñador de joyas Art Déco. Descubrió el cristal cuando buscaba ma­teriales nuevos y menos caros para sus joyas. Experimentó con esmal­tes vítreos y con cristal fundido según el procedimiento de la cera perdida. Su primer objeto enteramente de cristal lo produjo entre 1893 y 1897 con esta última técnica: un frasco en forma de lágrima, con tapón. Después de su éxito inicial, realizó cierto número de objetos de cristal que expuso, junto a sus joyas, en su nuevo taller de la Place Vendónme.

Fue allí donde en 1906 los vasos de cristal de Lalique llamaron la atención del perfumista Francois Coty, quien le encargó etiquetas y frascos para sus productos. Los primeros diseños de Lalique para Coty fueron producidos en cristal por Legras et Cie., la mayoría de ellos sin firma. Hacia 1908 Lalique tuvo su propio taller de cristalería en Comb -la-Ville, donde ejecutaba sus propios diseños. Unos locales más amplios, adquiridos en 1909, le permitieron entrar en la produc­ción en serie. Al estallar la primera guerra mundial, Lalique había abandonado casi por completo su producción de joyería. En 1918 ad­quirió una factoría más amplia en Wingen-sur-Moder.

Los vasos de Lalique, con una decoración en altorrelieve muy deta­llada, se fabricaban según tres procedimientos: soplando con la boca el vidrio dentro de moldes; mediante un proceso mecánico de aspiré soufflé o pressé soufflé; y moldeados en una prensa. El material de base era
siempre de cristal: cristal con un 50 por ciento de plomo. Se dejaba claro o se coloreaba con óxidos metálicos, sulfatos y cloratos, con los que se conseguía una gama de colores exquisitos que iban del verde esmeralda al rojo rubí. Mediante un sandwich formado por una capa de cristal blanco opaco entre dos capas de cristal coloreado, se obte­nían bellos efectos opalescentes. Otras veces la decoración era pintada o teñida, con esmaltes tratados con ácidos, exponiendo el cristal a hu­mos de óxidos metálicos en una mufla, o puliéndolos con una pulidora rápida o con rojo de pulir.
El repertorio de motivos decorativos de Lalique era también varia­do: animales naturales o estilizados, flores, formas humanas o mitoló­gicas y composiciones geométricas abstractas. Las formas en relieve eran realzadas mediante la aplicación de tintes de colores esmaltados. En su catálogo había una amplia variedad de objetos: vasos, vajillas, objetos de tocador, frascos, quernaperfumes, joyas, cajas de reloj, es­culturas, espejos, juegos de escritorio, lámparas, muebles, accesorios arquitectónicos, fuentes e incluso objetos novedosos como las masco­tas de automóvil.

Durante los años veinte, Lalique consiguió un gran éxito y fue am­pliamente aclamado en la Exposición de París de 1925, donde tenía pabellón propio. También diseñó un comedor de cristal para Sevres y una gran fuente para el Cours des Métiers. Además, sus frascos domi­naban la espectacular «fuente de perfumes» de la sección de perfume­ría. Otras obras suyas fueron incluidas en las exposiciones de varios ensembliers. Siguieron importantes encargos, entre ellos piezas de cris­tal para transatlánticos como el París (1920), el Ile-de-France (1927) y el
Normandie (hacia 1935): paneles decorativos, lámparas, techos ilumi­nados y otros accesorios. Fabricó lámparas para restaurantes, teatros, hoteles, iglesias y para coches cama de lujo de los ferrocarriles france­ses; también diseñó una serie de fuentes públicas de cristal en el Rond­Point de los Campos Elíseos de París.

Obras de Lalique





La Forja de Edgar Brandt

El más importante de los artesanos en hierro forjado de la época fue Edgar Brandt, quien creó enrejados y lámparas para numerosas casas particulares y hoteles; también recibió encargos públicos, como el del monumento a la primera guerra mundial, La tranchée des baionncttes, cerca de Verdun, en 1921. Sus lámparas para los transatlánticos Ile-de­France, París y Normandie le dieron aún más prestigio. Entre esos encargos, Brandt expuso en los Salones anuales, donde presentó una gran variedad de objetos metálicos no arquitectónicos: rejas, cubiertas de radiador, lámparas o consolas.

La Exposición de 1925 proporcionó a Brandt numerosas oportunida­des para dar a conocer su obra, empezando por la imponente entrada a la Exposición, la Puerta de Honor. En su propio stand de la Esplanade des Invalides se podía ver su celebrado biombo de cinco hojas «Oasis», de hierro forjado con aplicaciones, de latón. Siempre tuvo gran facilidad para combinar materiales: generalmente hierro forjado y bronce, pero también cobre dorado y, más tarde, acero, aluminio o la aleación "Studal" Raymond Subes fue seguidor suyo.

Reloj



Pantallas de Chimenea




Escultura realizada en colaboración con Marcel Sandoz

Lámparas

La Wiener Werkstätte

En realidad, la Wiener Werkstätte debería contar entre las obras principales de Hoffmann, pues aunque aun la autoría de sus diversos productos se deben a diferentes artistas, él era la personalidad dominante, la autoría competente, incluso el espíritu rector y al mismo tiempo el alma de la institución. El movimiento británico Arts and Craft fue entre otros uno de los modelos que inspiraron la creación de la Wiener Werkstätte. Según el relato de Hoffmann, la Werkstätte se fundó de la siguiente manera: "una tarde estábamos sentados en el café Heinrichshof con Otto Wagner, Kolo Moser, Fritz Wärndofer y algunos otros amigos. Moser y yo criticábamos de manera vehemente el estado del arte en Viena... En toda Europa agitaban las conciencias, en Viena nos daba la impresión de que todo estaba desmoronado y putrefacto. Por todas partes nacián talleres cuyo objetivo consistía en poner fin a ejercer una invitación de estilos e intentar crear formas nuevas de responder a nuestra época... en nuestra conversación nos derrochamos profundamente el embrutecimiento del momento y todo lo que resultaba imposible. Uno de los presentes, al que apenas conocíamos y que había regresado a Viena tras una larga estancia en Londres, dijo por fin es si queríamos intentar algo parecido no nos costaría ni una casa" En 1903, la empresa fue inscrita en el registro mercantil como "Wiener Werkstätte", cooperativa productiva de artesanos artísticos. Los directores artísticos y comerciales eran Josef Hoffmann y Koloman Moser, el industrial Fritz Wärndofer actuaba de socio comercial, es decir financiero. La empresa le costó ciertamente bastante más que el valor de una casa, acabó con toda su fortuna.

La Wiener Werkstätte perseguía el objetivo de promover los intereses económicos de sus miembros mediante la formación y adiestramiento de los mismos para las artes industriales, a través de la elaboración de objetos artesanales de todo tipo según los diseños artísticos realizados por los miembros de la cooperativa y mediante la construcción de talleres y de la venta de los productos elaborados. De esta manera se hizo posible fabricar artesanía de calidad superior

Durante el primer año se empezó con una pequeña vivienda de distrito IV con un taller para metales y plata; a finales de 1903, el domicilio social de la empresa se trasladó a la Neustiftgasse 32/34, situándose en el ala abandonada de un edificio. Aquí Hoffmann y Moser habilitaron salas de exposiciones, dibujo, así como talleres para carpinteros, obreros metalúrgicos, de cintas, orfebres, barnizadores, pintores, curtidores y encuadernadores. Además, en la última planta del ala contigua se había ubicado la oficina. En sus años de mayor apogeo, la Wiener Werkstätte dio empleo a más de 300 trabajadores.

Diseños de Kolo Moser







Las condiciones de trabajo eran para aquella época realmente progresistas. El taller se guiaba por principios democráticos los trabajadores participaban las ganancias al quedar excluido el comercio intermediario. El artesano además no debía actuar como fabricante anónimo sino estar en continuo contacto con el diseñador y el comprador. La innovación revolucionaria vino dada por la firma de los objetos no sólo por el artista sino también por el artesano; el monograma del artista esta escrito en un cuadrado y el del artesano en un círculo. De esta manera se promovió la identificación personal del trabajador con su producto.

los diseños procedían artistas de renombre como Gustav Klimt, Oskar Kokoschka, Egon Schiele, Carl Otto Czeschka, Gudrun Baudisch, Franz Karl Delavilla, Anton Hanak, Mathilde Flögi, Ludwing Heinrich Jungnickel, Anton Kling, Carl Moll, Koloman Mosen, Richard Luksch, Dagobert Peche, Alfred Roller, Vally Wieselthier, Edouar Josef Wimmer-Wisgrill y por supuesto Josef Hoffmann. El carácter de integridad de la Wiener Werkstätte requería que sus artistas no se limitara a la de sus disciplinas , sino que trabajaran en todos los campors.

De este modo, Hoffmann se presentó como diseñador de artesanía artística llegándose a hacer un nombre en ese terreno. En 1910, por ejemplo el dirigente compositor Gistav Mahler le encargó una diadema para su esposa Alma. La relación de obras de Hoffmann abarca más de 1000 trabajos de artesanía artística: muebles, utensilios domésticos, encuadernaciones, joyas y moda. En estos diseños se observa que una vez encontrada una forma, esta variaba continuamente en los diferentes objetos. Algunos trabajos, como las cestas de rejilla de hojalata troquelada o plata, están considerados iconos del diseño del siglo XX y alcanzan precios estrepitosos en las subastas internacionales.

Oskar Strnad, Adán y Eva, 1920



Los clientes de la Wiener Werkstätte eran en su mayoría artistas, miembros de la alta burgesía, representantes de las altas finanzas de origen judío y de la gran industria que también estaban representados en el entorno de la Secession. A menudo se trataba de parientes de Fritz Warndorfer. Como el Taller fabricaba únicamente artículos de lujo, su trabajo no resultaba rentable, dependiendo por ello del apoyo económico de patrocinadores. Entre éstos contaban los clientes que habían encargado los edificios de mayor importancia que por aquel entonces Hoffmann había cons­truido, decorado y amueblado en colaboración con la empresa como una obra de arte total. Por tanto, se puede decir que la Wiener Werkstatte funcionaba como una «casa de decoración» para, por ejemplo, el Sanatorio Pukersdorf, el Palacete Stoclet, el Cabaret Fledermaus o la Residencia Ast. A partir de 1907 se empezaron a distribuir productos a través de un comercio en Am Graben nº 5, en el casco antiguo de Viena, que había sido diseñado por Hoffmann. Además existían sucursales de venta en el interior del país y en el extranjero: en los famosos lugares de vacaciones Karlsbad, Marienbad y Velden en Wörthersee, en Zurich, en Nueva York y en Berlín.

Objetos diseñados por Hoffmann





Los primeros años, entre 1903 y 1904, fueron los más productivos. La Wiener Werkstatte se hallaba entre las empresas más interesantes e importantes desde el punto de vista cultural e histórico de aquel tiempo. Sus productos alcanzaron en un breve espacio de tiempo gran fama internacional, debida en gran manera a su presentación en exposiciones nacionales e internacionales, diseñadas éstas a su vez por Hoffmann: en 1904 en la Casa de Artes Industriales de los Hohenzollern en Berlín, en 1905 en la Galería Miethke en Viena, en 1906 en Londres y en 1908 en la Muestra de Arte en Viena.

La Wiener Werkstatte pronto se encontró con dificultades de tipo económico. En 1914, Warndorfer, el mecenas más generoso de los primeros años, arruinado a consecuencia de su apoyo financiero a la Werkstatte, emigró a los Estados Unidos. Otto Primavesi y su esposa Eugenie «

La crisis económica mundial de 1929 y sus consecuencias supusieron el final del proyecto. En 1932 se liquidó la Wiener Werkstätte y se subastaron las existencias. Con ello concluyó uno de los capítulos más importantes de la historia de la cultura austriaca.




La forja de Raymond Subes

Raymond Subes seguía de cerca a Brant por la amplitud y la calidad de su obra. Como director artístico de Borderel et Robert, una compañía de construcción fue responsable de una serie de encargos durante los años veinte: iglesias, cementerios, monumentos, salas de exposición y hoteles. También expuso sus muebles en los salones anuales, pero su importancia no puede medirse por estos objetos más pequeños; la mayoría de sus tours de force permanecen sin identificar en la fachada de un edificio o en la atrevida curva de la barandilla de la escalera de un hotel. Muchas obras suyas fueron desguazadas y desechadas cuando a los transatlánticos Île-de-France, Atlantique, France y Normandie les llegó su ignominioso final.

Las exposiciones de Subes en los Salones le valieron encargos de otros expositores: en 1927 por ejemplo, el marco de acero para una librería de Ruhlmann y una puerta de hierro forjado para Michel Roux-Spitz. Más tarde realizó trabajos para Maurice Jallot y Alfred Porteneuve. Para la exposición de 1925 creó obras de hierro con destino a la Ambassade Fraçaise, el Hôtel du Collectionneur y el pabellón de La Societé de L´Art Appliqué aux Métiers.

La elección que hacía Subes de sus metales rivalizaba con la de Brandt. Su preferencia era el hierro forjado, que a veces se combinaba con el bronce, el cobre patinado y, en los años treinta, con el aluminio y el acero, oxidado o esmaltado.


Las puertas eran uno de su fuerte, son sin duda una de las mejores puertas Art Decó que se podian encontrar en Francia en la época.



En el otro campo en el que destaco Raymond Subes fue en el diseño de lámparas.



También diseño otros objetos como mesas y mostradores


Los muebles de Pierre Chareau

Entre los modernos franceses, Piere Chareau merece una mención especial por sus muy característicos diseños de mobiliario. Se presentó en el Salon d´Automne de 1919 con un dormitorio y un despacho para el doctor Jean Dalsace (para quien, diez años más tarde, Chareau fueron diseñaría su famosa Maison de Verre en el número 31 de la rue Saint Guillaume). Las obras más importantes de Chareau fueron, en 1927 un club de golf en Beauvallon (la Riviera) y, en 1929, el Grand Hotel de Tours.

Chareau ingenió soluciones lógicas para el diseño de muebles, a base de unos componentes básicos que, con ligeras modificaciones, podían adaptarse a diversas necesidades. Armarios roperos, bares, archivadores, pantallas de chimenea y escritorios partían de una misma estructura fundamental. No hacía ningún intento para disimular la función del objeto: los contornos de madera y de metal aparecían tal como eran sin disfraz. Los muebles solían estar hechos con una combinación de hierro forjado y madera. Las maderas -palisandro, mimosa, nogal, sicomoro- eran cálidas y muy pulimentadas, para que destacasen sobre la frialdad y la austeridad del metal. Los soportes de chapa de hierro eran tratados con una ligera pátina e iban atornillados los unos a los otros. La tapicería era de terciopelo, piel de cerdo o, en unas pocas ocasiones, de marta cibelina. Seguramente los muebles de más éxito de Chareau fueron sus lámparas, con las pantallas construidas con láminas de alabastro traslapadas, formando ángulo entre ellas.

Mesa procedente de la LTT (Cia Telefónica Francesa). 1931


Lámpara

Mesa. 1924


Mesa. 1927

Silla. Final de los años 20.


Lámpara. 1927

Sillón. 1925


Jardinera. 1925.



Los Relojes Omega


Los Relojes Omega, han sido siempre prestigiosos y unidos a los estilos predominantes en cada época. Como no podía ser de otra manera, el estilo Art Decó fue elegido por este constructor de relojes para diseñar piezas únicas y exclusivas, hoy muy apreciadas, ya que su precio puede alcanzar los 5.000$. Es difícil enmarcar dentro de un arte decorativo concreto los relojes Omega, en muchas ocasiones solo se proporcionaba la mecánica y el artista hacia el resto. Esta variedad es lo que hace estos relojes importantes para entender el Art Decó asociado a esta pieza decorativa. Mucho se trataban de livianos cuerpos de vidrio que rodeaba a una gran esfera, en otras ocasiones, el mármol, belga preferentemente, le robaba con sus colores intensos protagonismo al reloj, e incluso, el frió metal sirvió más de una vez como caparazón a la maquinaria Omega.



Raramente se jugaba con la forma del reloj, sin embargo vemos como en el orgulloso reloj lanzado en 1927 bajo el nombre de "Art Deco", el reloj tiene forma hexagonal, lo que denota una clara influencia del Art Decó francés. Ya durante los años treinta, el Streamline, calaría en el diseño de los relojes, poniéndose de moda los relojes rectangulares con numeración alargada, todo un guiño a las nuevas y novedosas formas.



Realizado por Laquique, y con maquinaria Omega, este reloj de 1931 esta realizado en cristal.


Realizado en Plata y de principios de los años treinta, este reloj muestra un estilo moderno.


Mucho más clásico es este ejemplar

Con forma de dodecaedro, también realizado en plata


El Wiener Werkstätte (Ceramica)

El Wiener Werkstätte proporcionó un foro para artesanos de campos diferentes. Fundado en 1903, su finalidad fue constituirse en empresa comercialmente viable, fiel siempre al ideal de los reformadores: la unión del artista con el artesano y la elevación de las artes decorativas. El primer estilo del Wiener Werkstätte era severo y sin compromisos, pero, quizá como reacción a las privaciones de la primera Guerra Mundial, su cerámica se volvió más desenvuelta. Durante los años veinte, Susi Singer, Gudun Baudisch y Valerie Wieselthier, entre otros, trabajaron en un estilo muy personal caracterizado por un modelado tosco y unos efectos brillantes y discordantes de su esmalte de barbotina. En la Exposición de 1925, Wieselthier expuso individualmente y con el Wiener Werkstätte. También en la exposición, Michael Powolny y Josef Hoffman exhibieron cerámica moderna a través de los El Wiener Keramic Workshops. En 1928, los ceramistas del Wiener Werkstätte participaron en la Exposición Internacional de Cerámica que visitó siete ciudades norteamericanas, acontecimiento que contribuyó a una posterior decisión de Singer y Wieselthier a emigrar a EE.UU. En los años treinta, Singer se estableció en la costa oeste, mientras Wieselthier, cuya reputación creció rápidamente en importancia, después de su traslado a Manhattan, fue contratado tanto por Contemporá de Nueva York como por la Sebring Pottery de Ohio.

Dagobert Peche



Valerie Wieselthier


Susi Singer